No me considero una persona especialmente brillante. En mi vida han pasado muchas cosas, como en la vida de cualquier persona. He conseguido alcanzar algunos hitos, de esos que al recordarlos se dibuja una sonrisa de forma automática… y he hecho muchas cosas de las que no me siento orgulloso… algunas cosas han salido como yo quería y algunas no… Hubo un tiempo en el que me enfadaba mucho cuando las cosas no iban como yo quería, y me esforzaba, ya lo creo que me esforzaba, para hacer que las cosas saliesen como yo quería. Y algo dentro de mí me decía que más era posible… ¿Cómo no iba a recalar en el campo del crecimiento personal?

Pero hay algo de lo que siempre me he sentido muy orgulloso: Mi confianza en mi intuición y mi fe en que, al final, todo iba a tener sentido para mí.

Claro que seguir mi intuición no siempre ha sido algo del agrado de las personas que me rodeaban, y eso me ha granjeado no pocas situaciones delicadas a nivel de amistades, a nivel profesional e incluso familiar.

He sido muy feliz y me he sentido desgraciado teniendo poco y consiguiendo poco. He sido muy feliz y me he sentido desgraciado teniendo mucho y consiguiendo mucho… Y aquí hay algo… Recuerdo una maravillosa merienda alrededor de una mesa camilla con brasero incluido en casa de un buen amigo, rodeado de otros tres amigos más, como una experiencia maravillosa, de rebosante conexión y felicidad. Recuerdo una semana en Toronto en un lujoso hotel formando parte del equipo de un gran evento con una gran estrella del mundo del crecimiento personal… y preguntándome muchas veces «¿qué hago yo aquí?» echando de menos estar en casa con mi familia comiendo una pizza mientras hablamos de cómo nos ha ido el día.

Este año llevaré 49 años en este planeta y mi aparente desastre de vida desde el punto de vista de lo socialmente aceptable funciona, una y otra vez, y sé que soy muy poco hábil en muchísimas cosas, y al tiempo, como un sabueso es bueno en olfatear y encontrar yo soy muy, muy bueno en hacer lo que quiero hacer y en no hacer lo que no quiero hacer. Tengo un GPS que me mantiene en estado de bienestar casi constantemente (que tengo mis momentos, por supuesto), y que sobre todo, no permite que me meta en el espacio de malestar.

¿El resultado? Que me siento bien, real y honestamente bien, con paz interior, sin NINGUNA preocupación, tranquilo y en serenidad la inmensa mayoría de mi día. Disfruto de cada segundo con mi familia y con todas las personas que me importan, o solo. Y no dependo de nada más. Mi salud suele ser muy buena, y a veces no tanto. Mis relaciones a veces tienen un color y a veces otro. Mi economía también tiene sus «bailes»… y mi bienestar permanece intacto, nada de todo eso lo altera… y cada día cuenta en mi vida, cada día podría ser el último.

Y después de pasar años explicando a las personas cómo conseguir lo que realmente querían me he dado cuenta del tremendo fallo de visión que eso suponía, y ahora ayudo a las personas a sentirse honestamente BIEN donde están, con lo que tienen y con lo que no, con lo que pasa y con lo que no pasa, con lo que son y con lo que no son. Desde ahí nuevas energías se mueven y todo cobra sentido.

Porque, desarrollando el título de esta entrada, creo que lo que realmente importa, lo único que importa, es cómo me siento aquí y ahora, nada más.

Así que he decidido empezar este blog para poder expresar todo lo que se me mueve y lo que voy descubriendo, y para compartirlo contigo, por supuesto, porque esto es demasiado bueno para quedármelo solo para mí.

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